martes, 2 de febrero de 2016

¿Pero qué le estás diciendo al niño?


Fuente: Flickr
Cuando nuestros niños traen a casa el resultado de alguna prueba escrita de matemáticas, solemos tener dos opciones:

1. Entrar en cólera, y hacer al niño aún más pequeño de lo que se siente en ese momento.
2. Utilizar una frase típica, ¡tranquilo cariño que yo también soy de letras!.

Pues confieso, que ninguna de las dos me gusta. En la primera, estamos situando el foco de atención en una prueba, que medirá rendimiento, y que no siempre estará bien diseñada. No quiero que se piense con ésto que voy en contra del profesor, pero confieso como profesora que esto de poner exámenes es lo más difícil que hay en nuestro día a día. La cuestión, que el niño, se siente que no está haciendo feliz a mamá y a papá, se siente mal, a los gritos responde con llantos, y... la próxima vez que tenga un suspenso, ¡ni te lo va a decir!, ya te enterarás al final de la evaluación.

La segunda, ¿qué va a pensar el niño?, pues que no pasa nada, total genéticamente soy como mis papás y ellos también suspendían mates, así que, para que vamos a esforzarnos en hacer nada. Total, será culpa del profesor que no lo explica bien, o del examen que no ha puesto lo que dijo que iba a preguntar, ... Vamos que a partir de una frase nuestra el pequeño se va a montar una película que argumente las razones de su suspenso.

Lo normal, pese a una respuesta u otra, es que nos empeñemos en que haga un montón de ejercicios iguales a los del examen, cual soldado en entrenamiento, y yo me pregunto, si el chaval lo ha hecho mal, ¿de qué sirve repetir lo mismo?.

Bueno, pues qué debemos hacer. Llega el examen, supongamos que hoy nuestra hija se llama María:

María: Mamá, me han dado las notas de mates.
Mamá: Sí hija? Y qué has sacado?
María: Un tres mamá.
Mamá: Vamos a ver qué ha pasado.

Cuidado con las caras que pones, que te está analizando. Aunque el examen esté lleno de rayajos rojos, o creas que se lo ha pedido demasiado al pie de la letra, o... no tengas ni idea de lo que se está preguntando.

Intenta analizar con ella el examen, y no te olvides de tener cerca el papel y el lápiz, si puedes ayudarle porque tú sepas hacerlo, y si no sabes, no te metas a donde no debes. Enséñale a analizar por qué lo ha hecho mal, que seguro que ella sabe y tú puedes ayudarle a ser crítica, y si le causa miedo o duda esta situación, ayúdale a expresar las dudas por escrito en su cuaderno para que pueda preguntar al profesor.

No caigas en tópicos, de yo no sé y tengo que buscar un profesor. Esto, en el caso extremo, porque muchas veces el profesor particular se convierte en el facilitador de las tareas, y lo único que conseguimos es que el niño pierda responsabilidad y sea dependiente matemáticamente hablando.

Pero sobre todo, cuida, tus gestos y el mensaje de tus palabras. ¿Lo intentamos? Recuerda que el foco de atención no es el error, sino el niño o la niña, y si fomentamos su autoconfianza y le hacemos perder el miedo a sacar sus dudas, le estaremos ayudando a superar la situación de hoy y los cientos que le vendrán mañana.


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